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No me gustan algunas cosas

Diario El Mundo 16 de enero de 2024

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No me gusta. Ya sé que hay que defender un estrecho para conseguir que nos llegue el petróleo, a tiempo y con un precio adecuado. También sé que la ¿única? manera de proteger este trayecto es bombardear. Y ya tenemos a Estados Unidos y a su obediente Reino Unido. bombardeando 16 lugares de Yemen, incluida Saná, la capital. Ya tenemos más odio, cosa en la que estamos especializándonos últimamente, o sea, hace muchos años. 

Menos mal que la final de la Supercopa de España -he dicho de España- se juega en Riyad, que cae lejos del golfo Pérsico y del Mar Rojo, aunque unos aviones pueden llegar en un plis plas.

(Por cierto, me gustaría ver la cuenta de resultados del negocio Supercopa de España S.A. No sé por qué-, o más exactamente sí ser por qué, olfateo que hay unos cuantos que se han forrado con este curioso invento).

Otra cosa que no me gusta: que Puigdemont mande en España. Ya comprendo que Pedro no puede irse de la Moncloa. Le gustan los jardines, le gustan los cuadros, le gusta la silla donde se sienta. Y compruebo cada día, que, excepto la silla, está dispuesto a dar TODO: jardines, cuadros y trozos de España, que sería lo peor. El día en que se despida de su puesto, porque, aunque no os lo creáis, ese día llegará, podrá decir: “me disteis una empresa que se llamaba España porque era España y os devuelvo otra que se sigue llamando España, pero que tiene un tamaño más reducido porque tenía que comprar votos”.

CELSA era una acería propiedad de una familia y ahora es de unos fondos. Los accionistas pueden decir a la dirección que le dieron una empresa que se llamaba  CELSA y ahora hay otra con el mismo nombre, pero que no es la de antes. Realmente, no se lo podría decir así, porque la dirección cambió.

Me da pena CELSA porque conocí al fundador, Francisco Rubiralta Sr. Me da más pena España porque la conozco de pequeño y porque heredé ese conocimiento de las generaciones anteriores.

Supongo que habrá negociaciones, con mediador, claro, entre España y un trozo de España, que se llama Cataluña, aunque Aragonès, el presidente de esta comunidad autónoma, haya dicho que “la relación que quisiera tener con el Gobierno sería de Estado a Estado”.

Me parece muy sincero, pero creo que Sánchez no está autorizado por España para negociar con un trozo de España al mismo nivel. Porque Sánchez es presidente de un Estado que ocupa 500.000 kilómetros cuadrados y no puede negociar con un trozo de 32.000, sin pedir permiso a los dueños de los restantes 468.000 y dándoles como única razón, perdón, como única excusa, lo de la silla a la que me he referido al principio de este artículo.